CALIDAD DEL AGUA EN QUITO Y HUELLA DE CARBONO QUE GENERA.

 El agua es el principal componente del cuerpo humano representando un 70% de este al igual que en el planeta Tierra. Es tan importante que es considerada la fuente de vida, sin la cual no podríamos subsistir. Debido a la cantidad de microorganismos perjudiciales para la salud junto con otros elementos encontrados en el agua en estado natural, no podemos consumirla sin procesarla y aunque el agua pasara por los distintos procesos de potabilización (captación, desbaste, desarenado, coagulación y floculación, decantación, filtración, cloración y almacenamiento) los sistemas hidrosanitarios solían ser prácticamente, exclusivos para el aseo y en caso de desear consumir el agua de grifo, se recomendaba hervirla. En la década de los setentas se creó la primera botella de plástico y el embotellamiento de bebidas en botellas de vidrio cambió en su mayoría por botellas PET aminorando su costo y facilitando el transporte.

El fácil acceso al agua embotellada, la desconfianza hacia el agua potable y la seguridad vendida en el eslogan de las marcas fueron razones por las que este producto se convirtió en una solución para hidratarnos al estar fuera de casa o inclusive dentro de ella. Pero ¿Cuál es la realidad actual con respecto al agua de la capital?.

Si bien es cierto, en el pasado se transmitían campañas mediáticas para fomentar el hervido del agua de grifo, ahora se promueve su consumo en el DMQ. El agua de Quito es catalogada como una de las mejores para consumir. La Empresa Pública Municipal de Agua Potable y Saneamiento de Quito EPMAPS, asegura que el agua es 99.83% segura para el consumo humano haciéndole acreedora de certificaciones como: la Certificación del Sistema Integrado de Gestión CASS y Certificación de Conformidad con Sello de Calidad INEN (norma INEN 1108), entre otras.

El agua que abastece a la ciudad recorre un largo camino. Los principales caudales que alimentan las fuentes de agua en Quito provienen de Papallacta (Tuminguina, Papallacta y Salve Faccha), Pita (en la toma), La Mica (Desaguadero del Antisana) y de los mantos freáticos (fuente subterránea).

El consumo de agua potable en la zona urbana es mayor que en la rural debido principalmente a la concentración poblacional que existe en la centralidad de la ciudad. Se puede rescatar que del 100% de la población del DMQ, el 71,8% vive en la zona rural con un consumo doméstico del 93.2% del agua. Mientras que el 28,2% restante de la ciudadanía habita la zona urbana consumiendo un 76.1%, comparado con otros sectores como el industrial, comercial, oficial y municipal.

Pero el agua distribuida por la EPMAPS no sólo sirve para consumo. Entre otros de los fines a los que está destinada el agua para Quito, encontramos el riego y generación de hidroelectricidad además de su uso para cultivos hidrobiológicos y para el turismo.

Tomando en cuenta todo el proceso para tener agua apta para nuestro consumo, además de los otros fines que la demandan, genera un impacto ambiental que, si bien es mínimo comparado con el generado por otros sectores como la industria ganadera, textil o automotriz, contribuye con la huella de carbono que afecta a nuestro planeta llegando a ser 17 387,87 (tCO2e) el total de gases de efecto invernadero generados durante todo el proceso de potabilización y distribución del agua en 2019. La diferencia de 1.423 (tCO2e), comparada con lo generado en el 2018, representa un aumento del 8,91 % debido principalmente al consumo de energía producida por nuevas instalaciones que entraron en operación el pasado 2019. Aún habiendo contabilizado el total de tCO2e generados por la EPMAPS en sus operaciones, el agua del grifo produce aproximadamente 1/300 de la huella de carbono que genera el agua embotellada.

Siendo el agua potable del DMQ de alta calidad, podemos sentirnos seguros al beberla gracias a los certificados que avalan el casi nulo porcentaje de agentes perjudiciales para la salud, por ende, el consumo de agua embotellada debería ser dejado en segundo plano, al ser innecesario dentro de la ciudad y más aun tomando en cuenta el gran impacto ambiental que causa durante el proceso de embotellamiento, fabricación de las PET, transporte y desechos de estas, entre otros. 
De esta forma podemos afirmar que el agua embotellada es perjudicial para el planeta, tanto por la basura que genera, así como la huella de carbono que produce y es totalmente innecesaria en la capital.  

Iniciativa de

Con la contribución de